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Proyecto Tronador

 
   
   

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Argentina

     
 

Se probo un cohete argentino

Por Daniel Gallo

de la redacción de LA NACIÓN 

Domingo 5 de Agosto de 2007 Publicado en la edición impresa

 

Catorce años después de haber desactivado el misil Cóndor II, la Argentina probó nuevamente un cohete. A comienzos de julio, en un campo de pruebas de Bahía Blanca, fue lanzado el Tronador, según revelaron a LA NACIÓN fuentes que trabajan en ese proyecto. Sólo en el segundo intento pudo conseguirse el despegue del prototipo, que forma parte de un ambicioso plan para colocar al país en la carrera espacial.

El cohete lanzado tiene dimensiones reducidas –menos de cuatro metros de longitud–, pero resultó la evaluación esperada para llevar adelante la segunda etapa del plan, el Tronador II, un vector proyectado para transportar una carga de más de 200 kilogramos, con un motor de combustible líquido, cuya realización fue promovida por el Gobierno con varios decretos firmados en los últimos meses.

En esos documentos se establece la meta de crear un cohete capaz de poner en órbita un satélite para uso propio o bien para comercialización a terceros.

Estados Unidos se mostró muy preocupado por el desarrollo del cohete ideado por la Fuerza Aérea en las entonces secretas instalaciones de Falda del Carmen. Ese predio, a mitad de camino entre la ciudad de Córdoba y Carlos Paz, hoy está en manos civiles y vuelve a ser el centro de la construcción de un "inyector satelital para cargas útiles livianas".

La Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) está al frente del emprendimiento, con la participación de especialistas del Instituto Balseiro, el Instituto Aeronáutico Argentino, el Instituto de Investigaciones Técnicas y Científicas de las Fuerzas Armadas (Citefa) y universidades nacionales. Todos los esfuerzos convergen en el empresa VENG, sociedad de capitales públicos y privados que está controlada por la Conae.

El 11 de abril último, el presidente Néstor Kirchner firmó el decreto 350, por el cual "se autoriza a los entes y profesionales pertenecientes a organismos del sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación a participar, en forma voluntaria, en la realización de tareas vinculadas con el desarrollo de medios de acceso al espacio y servicios de lanzamiento, particularmente con el proyecto inyector satelital para cargas útiles livianas".

Se trata de un decreto bastante particular, ya que establece que los técnicos pueden sumarse al proyecto "fuera de su horario habitual de trabajo" y obtener una capitalización en las futuras ganancias de la empresa VENG. El decreto lleva la firma de Kirchner; del jefe de Gabinete, Alberto Fernández; del canciller Jorge Taiana; del ministro de Educación, Daniel Filmus, y de la entonces ministra de Economía Felisa Miceli.

La empresa VENG (sigla de vehículo espacial de nueva generación) fue creada en 1998 por el presidente Carlos Menem, pero desde ese momento no había recibido ningún impulso más allá de su formal objetivo de desarrollar un cohete. Es más, el proyecto Tronador fue concebido antes de que Menem entregase su mandato y figuró desde entonces en el presupuesto bajo el rótulo de programa 17 de la Conae. Sin embargo, su desarrollo no pasó de los cálculos teóricos en los diferentes centros de alta tecnología.

En 2003, un informe del Ministerio de Economía indicó la cancelación del proyecto de inyector satelital y de la reconversión de Falda del Carmen para priorizar las misiones satelitales. Parecía el fin del emprendimiento, aunque ahora tomó forma nuevamente.

 

Metas y presupuesto

El 8 de junio último, Miceli firmó la resolución 396 por la cual se aprobó el presupuesto de 2007 de la empresa VENG. El monto no llama la atención para la envergadura del trabajo encomendado, ya que figura un gasto corriente de 900.000 pesos, pero en esa resolución se fijan las metas anuales: construir el lanzador Tronador I y comenzar el desarrollo del lanzador Tronador II.

Antes de esa aprobación de pautas presupuestarias, en febrero de este año se firmó el contrato entre VENG y la Conae para construir el Tronador. El desarrollo y construcción de un vehículo dotado de un motor de combustible líquido tecnológicamente avanzado y de un sistema de navegación, control y guiado, asociado a un receptor GPS, capaz de producir la inyección del vehículo en una órbita previamente fijada", al asignársele un crédito de 26 millones de pesos a partir del próximo año.

Entre los objetivos de VENG para este año, publicados en el Boletín Oficial el 13 de junio último, figura también la puesta en marcha de la planta piloto de concentrado de hidracina en Falda del Carmen.

La hidracina es el componente base del combustible líquido que utilizará el cohete Tronador II, cuyo motor tiene un empuje proyectado de 3350 kilogramos y podría colocar una carga de más de 200 kilogramos a 400 kilómetros de altura. Salvados de ser "dinamitados", tal como quería Domingo Cavallo en su ímpetu por cancelar definitivamente el Cóndor II en los 90, los búnkeres empotrados en la sierra de Falda del Carmen volverán con fuerza a la actividad.

Catorce años después del final del proyecto Cóndor, otro escenario mundial encuentra este incipiente Tronador. En principio, la Argentina forma parte del Régimen de Control de Misiles, organismo internacional que controla el acceso a materiales de alta tecnología.

En 2003, la presidencia del Régimen de Control de Misiles estuvo a cargo del embajador Carlos Sersale di Cerisano y la secretaría ejecutiva se instaló en Buenos Aires. Esa entidad pone énfasis en evitar la proliferación de cohetes que puedan transportar cargas de 500 kilogramos a más de 300 kilómetros, por la posibilidad de ser usados como inyectores satelitales o armas, dependiendo la elección sólo de la buena voluntad del país que construye ese aparato.

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PERFIL amplia..

Por Pedro Ylarri

El plan para el desarrollo de un nuevo cohete nacional es una de las metas más ambiciosas que tiene en la actualidad la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). Cuenta para ello con un presupuesto millonario aportado a través del poco publicitado Decreto 350/03 y de la Resolución del Ministerio de Economía 396/07.
La empresa VENG SA (Vehículo Espacial de Nueva Generación), habilitada por ley en forma reciente, es la encargada del desarrollo y fabricación del Tronador. También participan INVAP y los institutos Balseiro y Universitario Aeronáutico (IUA), que depende de la Fuerza Aérea, entre decenas de otras instituciones y fundaciones argentinas. Una de las primeras actividades de la empresa será la construcción de una planta de hidracina, el combustible que utilizará el Tronador II.
El proyecto Tronador se encuentra en estado “avanzado” y revitalizó aún más las actividades en lo que hoy se llama Base Terrena Teófilo Tabanera, que pretende ser convertida en el centro espacial más importante de la región, afirmó a PERFIL el máximo referente histórico de CONAE, Conrado Varotto.
El estigma del Cóndor II llevó a las nuevas autoridades a maximizar la transparencia sobre el destino que tendrá el nuevo vector, y la cautela para evitar infringir acuerdos internacionales. Si bien CONAE asegura que el proyecto “comenzó desde cero”, ya que “no se registran antecedentes en el país”, varios investigadores confirmaron a este diario que VENG SA y las otras instituciones cuentan con apoyo de ingenieros empleados en el Cóndor, y que “muchos regresaron de Estados Unidos para trabajar en el tema”.
“La generación de ciclos de información es el objetivo primordial de todo el Plan Espacial Nacional. Necesitamos llenar los huecos de información. Argentina necesita hacer pruebas tecnológicas propias, continuadas y específicas. Si no tenemos el lanzador, no cierran los números”, explicó Varotto, quien accedió a reunirse con PERFIL junto con los principales responsables de CONAE.



El antecesor

El proyecto Tronador II tiene como antecedente inmediato el Tronador I, un cohete balístico –no teledirigido– a escala del que se apresta a viajar al espacio. Sin hacer mucho estruendo, CONAE hizo dos pruebas del Tronador I, una en junio de 2007 y otra en mayo de este año.

Un asistente al lanzamiento confió a este diario que una delegación de la Embajada de Estados Unidos asistió a ambas pruebas en calidad de veedor.
El jefe de todo el proyecto Tronador, José Astigueta, confirmó que el plan del nuevo cohete argentino comenzó en 2007, y que con los lanzamientos exitosos realizados en Puerto Belgrano ya se comenzó a construir el Tronador II. La nueva versión, diez veces más potente que su antecesora, será propulsada por motores que funcionan con combustible y oxidante líquido. Su objetivo es colocar en órbita una carga útil de prueba de poco tamaño y su primera misión está prevista para 2010.
Los detalles sobre el tipo de propulsión y la cantidad de carga que podrá transportar no es menor, ya que son dos de los puntos más sensibles sobre los que versan los acuerdos para restringir la proliferación de misiles. Varotto asegura que la elección de propulsión líquida y la capacidad de carga pequeña “es un reflejo de lo que Argentina necesita” y “no hay otros intereses”.
Para los especialistas, sin embargo, en el ideario técnico y estratégico, el combustible sólido está asociado a las acciones militares, mientras que una mayor capacidad de carga es deseable para al ámbito bélico. “Sabiamente se tomó la decisión de pasar al combustible líquido, porque se lo asocia con civil. El proyecto entero está siendo armado para no caldear los ánimos de la comunidad mundial”, evaluó Calle.
En Falda del Carmen la actividad vuelve a ser la de antes. Las polémicas por el Cóndor II fueron reemplazadas por el entusiasmo que genera la posibilidad de acceso al espacio con tecnología propia. Prueba de ello es que aun cuando el Tronador II todavía no está terminado, en la base cordobesa ya se habla de su sucesor: el Tronador III.
“Con la experiencia y el control de la tecnología adquiridos a través del desarrollo del proyecto Tronador II, está previsto lanzar el Tronador III, que permitirá colocar el órbita cargas de alrededor de 250 kilogramos”, confirma Astigueta. El proyecto contempla la posibilidad del uso de combustible sólido en alguna de sus etapas. Como para que los fantasmas sigan frecuentando Falda del Carmen.
 
 
El costoso desafío de ubicar un satélite


El mundo bipolar dio inicio a la carrera espacial en los años 60. No fue sin embargo hasta mediados de los 90 que la Argentina inició el desarrollo de satélites y de dispositivos de observación para ser puestos en órbita.
En la actualidad se desarrollan dos series de satélites, aunque el mayor desafío es lograr ubicarlos en el espacio con medios propios. Cuestión de dinero: un 50% del costo del satélite es ponerlo en órbita, y el mercado de lanzaderas en el mundo tiene once ceros. Ese es el objetivo de proyecto Tronador.
El análisis de la Tierra desde el espacio es el objetivo central del Plan Nacional Espacial, el programa argentino de largo plazo que implementa la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), una entidad civil fundada en 1991 que depende de Cancillería.
“Si usted nos pregunta si queremos llegar a la Luna, todos le responderemos que sí. Pero no es lo que el país necesita, que es observar el territorio para promover el desarrollo económico y actividades de prevención”, sintetizó Conrado Varotto, quien está al frente de la Comisión desde su fundación.
La serie SAC es el proyecto más antiguo con el que cuenta la CONAE. Los satélites SAC-B y SAC-A fueron los primeros en ser puestos en órbita, aunque el SAC-C es el único que se encuentra operativo. Fue lanzado el 21 de noviembre de 2000 desde el estado de California, en Estados Unidos, y se desarrolló con la cooperación de la NASA y de las agencias espaciales de Italia, Dinamarca y Francia. Su función es monitorear el medio ambiente y las catástrofes naturales.
El SAC-D/Aquarius es el dispositivo estrella por estos días. Esta semana confluyeron en Buenos Aires científicos de las agencias de más de cinco países para realizar la última revisión de los planos. La NASA es la principal socia del proyecto e invertirá unos 250 millones de dólares para lanzar el satélite en 2010 e introducir el sistema Aquarius, que medirá la salinidad del mar, explicó Varotto. “Al país le servirán los datos sobre temperatura de la superficie terrestre para prevenir incendios, y de humedad, para prevenir inundaciones”, explicó el jefe de Proyectos de la CONAE, Fernando Hisas.
No es el único proyecto en el que está embarcado el país. Otros dos satélites argentinos están siendo desarrollados: los SAOCOM 1-A y 1-B, que integran el Sistema Italo Argentino de Satélites para la Gestión de Emergencias (SIASGE). La constelación está formada por dos satélites argentinos y otros seis italianos. A diferencia de los anteriores, funcionarán con sistemas de radar y otros instrumentos ópticos, y no tomarán fotografías. Su lanzamiento está previsto para 2011 y su objetivo es prevenir y mitigar catástrofes, conservar el medio ambiente, mejorar la agricultura y proveer información a terceros países.

 
     
 

Misiones: SACa  -  SACb  -  SACc  -  SACd  -  SACe  -  SAOCOM  -  Projecto Tronador - Proyecto Gradiom PCX

NOTA: Agradecemos la colaboración del anónimo lector que nos envió  via mail el material de video.     NOTA: Observando un video aparecido en YouTube que resume "con posterioridad" a los aquí expuestos, las pruebas del Tronador, Machtres  quiere dejar en claro que esta en total desacuerdo con los CRÉDITOS del mismo que se adjudican un instituto ,el realizador del video y  un sitio web, ya que los CRÉDITOS pertenecen únicamente a los técnicos y científicos argentinos que desarrollan el proyecto Tronador y son avalados por el pueblo y las autoridades de la Nación Argentina, prueba de esto es que Machtres los exhibe sin marca alguna para que puedan disfrutarlos en libertad todos sus amigos.     Texto :Perfil - La Nación - Argentina